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lunes, 2 de junio de 2014

Pinceladas para la construcción de un distrito industrial corchero (IV): Algunos apuntes estratégicos a tener en cuenta.



En el anterior post argumentábamos de forma clara la necesidad de establecer como una posible alternativa  para dinamizar el negocio corchero sanvicenteño, el desarrollo e institucionalización de un verdadero distrito industrial, cuya actividad principal se centrase en los procesos productivos basados en la explotación del corcho.
La gran cuestión ahora es definir cuales son los aspectos básicos que hay que tener en cuenta para ello.
Para encontrar cuales son “las claves” hay que recurrir a la basta literatura especializada en el estudio de estos modelos, donde destaca por encima de todo las figuras de dos economistas prestigiosos, en primer lugar el británico Alfred Marshall, quien observó y estudió este “fenómeno” a principios del siglo pasado, y más recientemente, el italiano Giancomo Becattini, siendo este último el que rescatara del olvido el concepto y le diese la verdadera trascendencia que hoy en día tiene.
Ha sido precisamente desde los trabajos de Becattini cuando realmente ha  aflorado un cierto interés por el fenómeno distrito, algo por otro lado relativamente reciente, y que ha permitido  la caracterización de este modelo de organización muy arraigado en ciertos entornos rurales donde la base de su riqueza es un tejido empresarial formado por pequeñas y medianas empresas, dependientes unas de las otras y con una marcada  relación con el territorio donde se encuentran.  
Gracias a esta caracterización conocemos cuales son los elementos esenciales del funcionamiento de los distritos donde, curiosamente, a pesar de que existen singularidades específicas a cada uno de ellos, existen puntos en común, visibles en cualquier sistema local de trabajo reconocido como distrito industrial.

Precisamente es en este último aspecto donde está clave: el identificar cuales son esos condicionantes que influyen en la generación del denominado “efecto distrito”, esto es, la adquisición de competitividad y viabilidad por parte de las empresas de un entorno gracias al vínculo que pueda existir entre ellas y el territorio, para posteriormente y a partir de ahí, definir estrategias que permitan alcanzar el objetivo marcado.


A pesar de que obviamente para la definición de todos estos aspectos es necesario realizar un estudio minucioso que permita establecer de forma precisa el escenario real y conciso de la situación, sí es cierto que a poco que se haga un análisis general del negocio corchero sanvicenteño, ya se pueden apuntar algunas deficiencias sobre las que intervenir, pudiendo además  definir grosso modo algunas soluciones estratégicas, como vamos a indicar a continuación.

1. La necesidad de la integración vertical.

En la entrada anterior indicábamos que en un distrito, uno de los condicionantes es la existencia de una o varias actividades productivas “claves”, sobre las que las empresas localizadas en ese territorio centran sus actividades de forma directa o indirecta.
La especialización es el verdadero “arma” con el que las PYMES pueden  ser competitivas frente las grandes firmas. De hecho, precisamente una de las estrategias de las grandes empresas es precisamente aprovechar esta cuestión, por lo que es habitual que éstas subcontraten a las pequeñas y medianas empresas en algunas de las etapas en las que son especialistas, en vez de realizar las operaciones ellas mismas.

Los distritos industriales basan su fuerza precisamente en esto, en el hecho de que la unión de pequeñas empresas altamente especializadas cada una en su parcela específica, les permiten competir en el mercado frente a las grandes empresas.

En nuestro caso, estamos hablando de la necesidad de desarrollar un distrito industrial corchero, por lo tanto, la base productiva de ese tejido empresarial obviamente se debe centrar principalmente en actividades corcheras de forma preferencial, aunque como veremos y argumentaremos, en los distritos se establece todo un entramado de empresas auxiliares diversas (realmente es una de sus virtudes).

Cualquiera que leyese esto mismo pudiera entender que San Vicente de Alcántara cumple ya con ese condicionante, el de la especialización, lo cual es cierto, pero en el caso sanvicenteño hay una deficiencia de base que hace que de momento no podamos hablar de distrito, y es la ausencia de capital social, al menos en parte, de lo que hablaremos posteriormente.

Además, en el hipotético caso de que este condicionante se diese, el distrito industrial existente sería uno de tipo horizontal, esto es, una aglomeración de empresas especializadas en un tipo de proceso productivo casi exclusivamente, la preparación de corcho en plancha, a pesar de que hay un pequeño número de empresas manufacturadoras.
Curiosamente esta misma “asimetría” se da en el caso en el sistema local de trabajo de tipo corchero que hay en la zona portuguesa de AVEIRO, Portugal. Sin ningún género de dudas, estamos ante  la aglomeración de empresas corcheras (en este caso un verdadero distrito) más importante del mundo. Hablar de AVEIRO es hablar del negocio corchero portugués con todo lo que eso supone.
No obstante, existe una diferencia de peso entre AVEIRO y el caso sanvicenteño, y  es que en el caso portugués, la relación de empresas se invierte a favor de las terminadoras y comercializadoras, justamente al contrario que en San Vicente de Alcántara. Precisamente este hecho es lo que ha condicionado que ambos sistemas locales de trabajo hayan evolucionado de forma inversa. El distrito portugués, no solo lidera el negocio corchero mundial sino que también influye (y controla) otros tramos del negocio “aguas arriba”, llegando incluso a la etapa forestal.

El tejido empresarial corchero sanvicenteño, si quiere ser autónomo y autosuficiente, necesita  ampliar su red de especialización en esos eslabones “clave” en donde AVEIRO es fuerte, la manufacturación y la terminación, que ayuden además a complementar el proceso “histórico” de la preparación, y así definir un verdadero distrito industrial  de tipo  vertical compacto. Esto supondría todo un cambio “de paradigma” sobre el propio negocio corchero local.

Existen algunos antecedentes notables en donde se pone de manifiesto esta realidad. Uno de los casos más sorprendentes es el del distrito agroalimentario almeriense, el cual, hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado, no incluía dentro de las actividades del distrito la comercialización. A partir del momento en el que esta etapa clave pasó a tener presencia en el distrito, el tejido empresarial agroalimentario almeriense empezó  a desarrollarse de forma exponencial, tanto en número de empresas directas y auxiliares afincadas en tierras almerienses,  como de los volúmenes de negocio y facturaciones que las mismas realizan.
Además existe otra ventaja que no hay que obviar, y es el hecho de que un distrito que una integración vertical de procesos, funciona como una incubadora de nuevas oportunidades de negocio, puesto que la existencia de una nutrida cartera de  procesos productivos y de sus demandas auxiliares (logísticas, mecánica, servicios tecnológicos, etc), no deja de abrir nichos de mercado, que además pueden degenerar en la aparición de nuevas etapas clave en el propio distrito.

Existen casos muy curiosos, como el del distrito italiano de Castellfiardo, con más de doscientos años, que se constituyó como fabricante de instrumentos musicales y que hoy en día centra su actividad en componentes electrónicos como consecuencia de esta evolución debida en parte a la poliespecialización. También en España hay ejemplos, como el del distrito valenciano del juguete, ahora especializándose en procesamientos de mecanizado, y nacido en el siglo pasado desde la industria del latón.

Por tanto, es preciso dinamizar la especialización en la terminación y la comercialización, prioritariamente en los procesos productivos vinculados a la industria taponera,  aunque sin descuidar de forma paralela una apuesta por la búsqueda de la diversificación.
Esto supone definir una estrategia específica con dos enfoques principales, que recogemos a continuación:



1.1  Enfoque hacia  el conocimiento y la innovación.

Uno de los fenómenos más importantes que ocurren en los distritos industriales es el denominado como desbordamiento del conocimiento, esto es, la capacidad que tienen las empresas para enriquecerse del “saber hacer” a partir de la experiencia de otras, dada su cercanía física y de la tradición que existe en el entorno en esa actividad o actividades que se desarrollan en el distrito, que hace que se genere un conocimiento resultado de la tradición y del “boca a boca”.  Esto mismo sucede en San Vicente de Alcántara, y es una de las explicaciones del por qué exista una especialización casi exclusiva en preparación, resultado de  la transmisión de ese saber hacer de forma “tácita” entre generaciones de corcheros. La ausencia de ese mismo saber hacer en aspectos que tienen que ver  con la manufacturación y comercialización, claramente ha condicionado que no existan prácticamente empresas que centran sus actividades en esos aspectos.

Por lo tanto, si se pretende dinamizar al sector en los términos indicados, hay que generar ese conocimiento.

Para ello existen dos maneras:

-Mediante la transmisión del conocimiento  desde las empresas que hay en el distrito y se dedican a la manufacturación y la comercialización.

-Mediante la educación “formal”, a partir de los recursos educativos reglados y no reglados. Se trata de desarrollar una demanda continua de formación específica de la que el negocio corchero pueda abastecerse. La cualificación en el dominio de los procesos productivos y servicios, pero también en aspectos que tienen que ver con la gestión de las empresas en general son necesidades inevitables que han estado siempre presentes. Hay que indicar que desde el sistema educativo han existido y existen algunas iniciativas en el ámbito de la formación profesional. La más ambiciosa fue la del desarrollo del ciclo formativo de transformación del corcho que, lamentablemente, dejó de impartirse por ausencia de demanda. Se ha de exigir y plantear la definición de planes formativos específicos en el que participen recursos educativos diversos de la educación media y superior, y que culminen en la existencia de una oferta lectiva necesaria para paliar aquellas deficiencias existentes en el ámbito del “saber hacer”.
Precisamente, es gracias a este conocimiento que se adquiere desde la experiencia pero también desde la educación, de donde procede el otro elemento angular de esta línea estratégica, la innovación.
En los tiempos actuales, en cualquier negocio que pretenda ser competitivo, las empresas tienen la obligación de estar continuamente reinventándose a sí mismas.
Esto implica una continua búsqueda de alternativas en la oferta de la cartera de productos, pero también en procesos y servicios asociados.
El negocio corchero, históricamente, no se ha caracterizado por ser un ejemplo de dinamismo en este aspecto. Realmente, si descontamos la aparición de algunas mejoras en procesos productivos específicos, quizás que la contribución más reseñable desde el punto de vista de la innovación fue la aparición del corcho aglomerado. Desde entonces no ha existido una verdadera “revolución” corchera en este aspecto.
Hoy en día sigue existiendo una casi monoespecilización en la fabricación de tapones, el “producto clásico”, aunque también hay que mencionar que existen alternativas en otros campos como son los pavimentos, aislamientos, elementos de automoción, etc.
Es necesario no obviar esa realidad paralela en cuanto a la existencia de otras aplicaciones para el corcho, que, aunque sean minoritarias, están ahí, y por lo tanto, es susceptible de que exista una cierta demanda. Por otro lado, también hay que seguir buscando alternativas como de hecho así lo están haciendo los departamentos de innovación y desarrollo de las grandes firmas, y también los centros tecnológicos.
Precisamente,  son estos últimos, junto con las universidades, quienes lideran la búsqueda de la innovación continuada, y la ponen al servicio de muchos de los distritos industriales. De hecho, forman parte de ellos como agente constituyentes, tal y como hablaremos posteriormente.
No todos los negocios “distrituales” pueden hablar de la existencia de un centro tecnológico al servicio del distrito, y aquellos que lo disponen, lo presentan como un elemento angular sobre el que se toman las  decisiones estratégicas en desarrollo e innovación.
El negocio corchero extremeño posee un centro tecnológico (IPROCOR-ICMC), que hasta ahora su labor ha sido cuando menos mejorable, sobre todo por la inexistencia de una demanda real de necesidades que partiese del propio negocio corchero.
Por tanto es preciso que sea el centro tecnológico de capital público el que lidere este enfoque estratégico del servicio a la innovación del distrito, que pase por el propio diseño pero también por la puesta  práctica de las alternativas innovadoras.
Unido a lo anterior, actualmente,  hay que tener en cuenta la contribución a la innovación que surge desde un tipo de micro-empresa cuyo sentido principal es precisamente ese: aportar innovación según las necesidades del mercado en base a soluciones tecnológicas. Hablamos de las denominadas “Startup”, muy vinculadas a las universidades, que en cierta manera vienen a cubrir, o cuando menos a complementar, el rol de los centros tecnológicos, además de una manera mucho  más en sintonía con las empresas a las que abastecen.
Esta nueva vía hacia la innovación está teniendo mucho arraigo actualmente en nuestra región, en parte por el apoyo que están recibiendo desde la administración.  

Sería por tanto necesario el localizar en el propio distrito una red de empresas “startup” que tuviesen al negocio corchero como elemento de referencia.


1. 2. Enfoque hacia el emprendimiento   
 Otro de los fenómenos curiosos que se da dentro de los sistemas locales de trabajo, en donde existe un fuerte arraigo en el territorio es la tendencia que tiene la población hacia el emprendimiento.
San Vicente de Alcántara no es una excepción. El mero origen del negocio corchero sanvicenteño precisamente tuvo que ver con esa cuestión, la voluntad de muchos emprendedores, quienes tuvieron el coraje de embarcarse en un modelo de negocio no sujeto a riesgos.
Partimos pues con esa ventaja,  en la existencia de ese tipo de espíritu que se manifiesta siempre que se dan las condiciones para ello.

El papel de algunos de los agentes del distrito debe ir dirigido a que afloren esos sentimientos de arrojo, que está latente en cualquiera de los habitantes de un sistema local de trabajo como el nuestro.  

En ese aspecto es fundamental la labor de la administración. Tanto la administración regional como la local deben apoyar con sus propios recursos la creación de empresas desde diferentes puntos:

1. mediante la cesión de infraestructuras para aquellos procesos y servicios donde las PYMES tienen dificultades por cuestiones de acceso e inversión. En la localidad existen infraestructuras públicas infrautilizadas que bien pudieran ser empleadas para la puesta en marcha de líneas de producción de base tecnológica al servicio del distrito, donde las empresas locales pudieran acceder.

2. También vinculado a lo anterior,  en cuanto a las infraestructuras, aunque en este caso encaminado a la comercialización, la administración regional tiene y puede poner al servicio del distrito sus recursos de cara a permitir que las empresas tengan acceso al mercado exterior, tal y como está llevando a cabo para otros sectores. Ahí es muy importante la labor que lleva a cabo la empresa pública AVANTE.
  
3. También es preciso incentivar la constitución de nuevas empresas,  la consolidación de las ya presentes y la atracción de otras deslocalizadas en otros lugares, mediante el desarrollo de políticas específicas a favor del distrito que se traduzcan fundamentalmente en incentivos de tipo económicos (desgravaciones, exenciones fiscales, ayudas a la innovación específicamente dirigidas al negocio, etc).

4. Finalmente, hemos de mencionar la necesidad de un servicio específico para la ayuda a la constitución de empresas, que asesore y ayude al emprendedor en toda la labor burocrática. En este sentido está previsto poner en funcionamiento en la localidad una incubadora de empresas, que debería cubrir esa necesidad.

La banca también debe servir para fomentar el emprendimiento, favoreciendo el acceso al crédito. Sin duda, la institucionalización del distrito en los términos necesarios debe servir como aval para el ámbito financiero local, tal y como ocurre en otros lugares de la geografía española, como es el caso del levante español.      


2. Definición de los agentes del distrito y sus roles.

Una de las causas que han llevado a la no constitución de un verdadero distrito industrial en San Vicente de Alcántara, cuando han existido intentos para ello tanto de forma natural (es decir, con origen desde el propio negocio), como de forma planificada (desde las políticas de la administración), es debido a la no consideración de los agentes que forman parte de cualquier organización “distritual”. Y esto es consecuencia de la no participación de protagonistas clave,  y aquellos que  han participado, no han asumido su papel de forma específica.

Así, en los casos estudiados, forman parte de la unidad del distrito los siguientes agentes:
-Los centros tecnológicos y la universidad.
-La administración local.
-La  banca.
-Las asociaciones de empresarios y de trabajadores.
-Las empresas.
Todos estos agentes participan en la propia gobernanza del distrito mediante la constitución de un consejo de distrito en donde todos participan en la toma de  decisiones estratégicas que afectan al conjunto, lo cual hacen mediante el asesoramiento de un equipo técnico del distrito, generalmente formado por miembros de la universidad y de los centros tecnológicos.

3. El desarrollo de Capital social.

La clave fundamental del funcionamiento de un distrito industrial es la existencia del denominado “capital social”, que tal y como lo define Soler i Marco se trata de “la existencia de relaciones de confianza entre las empresas basadas en la especialización productiva y/o en los valores e identidad local”.
Este aspecto es el que da viabilidad a las empresas del distrito, al poder disfrutar éstas de de los beneficios de la denominada como “economía externa”, es decir, las ventajas de la interdependencia entre empresas que comparten un mismo territorio,  y que debido a ese vínculo que les une con el territorio da lugar al  “carácter público del saber hacer” de los aspectos más esenciales del negocio, y por tanto la no existencia de desconocimiento alguno.   
Entre las ventajas que podemos mencionar ante este hecho, está la atenuación “del factor oportunista” propio del mercado “abierto”, lo que hace disminuir los costes de transacciones entre las empresas del propio distrito.
Además, se genera un clima propicio para la colaboración y confianza mutua entre proveedores, clientes e incluso entre  competidores potenciales del propio distrito.
Como resultado de este capital social que fluye en la “atmósfera” de los distritos, se producen fenómenos curiosos de aprovechamiento mutuo entre las pequeñas y medianas empresas de los distritos (la base del tejido empresarial de los mismos tal y como hemos descrito) y aquellas reconocidas como  grandes empresas, en el caso de que existan, las cuales adquieren un rol de liderazgo del distrito que arrastra a las pequeñas y medianas empresas. Mientras tanto, las grandes empresas se benefician de la existencia proveedores, mano de obra y del resto de condiciones favorables que se crean en los territorios en donde existe una concentración de empresas que colaboran entre sí.
Justamente es lo que ocurre en el caso de AVEIRO, donde el gigante AMORIM asume ese papel “jerarquizador”, aportando “al bien común” el acceso a los mercados internacionales, al que llegan las pequeñas empresas terminadoras como complemento (nunca compitiendo) a la oferta que hace el holding líder del negocio mundial.

En San Vicente de Alcántara existen unos condicionantes similares, con la todavía presencia de empresas del grupo AMORIM, a pesar de la reciente deslocalización de algunas de sus líneas sanvicenteñas en favor de los municipios portugueses de Ponte de Sor y Coruche,   y sobre todo,  la del grupo OENEO, quienes podrían (y deberían) asumir este papel jerarquizador.

Hoy por hoy, estamos lejos de que esto se pueda producir ya que en San Vicente de Alcántara no existe capital social, más bien todo lo contrario, puesto que el aspecto competitivo ha superado siempre al colaborativo. De hecho, incluso podemos hablar de algunos “episodios” derivados de ese espíritu de competencia desleal que siempre ha fluido por el negocio, como es el caso de la burbuja de precios en el campo que cada cierto tiempo aparece.

La esencia  está en un cambio hacia un comportamiento en donde se le de importancia al aspecto colaborativo, sin descuidar al competitivo, que por otro lado también es necesario.

Algunos autores indican que el capital social es el resultado de siglos de historia, de una manera de proceder muy arraigada en los territorios (como por ejemplo en Italia), y que por tanto difícil de adquirir por aquellos que no están “educados” en esa manera de proceder.

Ante esta tesitura no podemos dejar de mencionar que existen fórmulas para conseguir alcanzar esa “quimera”, como pudiera ser una institucionalización  “distritual” al modo “italiano”. 


4.  La necesidad de la institucionalización del distrito.

Institucionalizar significa “hacer natural” el funcionamiento del distrito industrial, lo que se traduce en que todos los agentes deben asumir su rol con el objetivo de asegurar las condiciones necesarias para que se de una  organización de interdependencia de las empresas constituyentes, en base a las relaciones que tengan en cuenta la colaboración entre ellas.

Para conseguir definir ese marco que garantiza la existencia de capital social es necesario dotar al distrito de entidad jurídica propia, y de un marco regulador específico de acuerdo con el orden normativo nacional e internacional, que naciera del consenso y del desarrollo conjunto de todos los agentes del distrito, y que definiera simplemente todos los aspectos necesarios para que  existiera  capital social.

Con estas medidas, se definiría por un lado el elemento de referencia sobre el que las empresas del distrito se identificarían como miembros (uno de los condicionantes del capital social según Soler i Marco), y por tanto aflorase ese necesario sentimiento de arraigo a la idea de distrito,  y por otro, desde el ordenamiento reglamentario específico, se podrían definir las bases del aseguramiento de las relaciones de confianza.

Este último aspecto es quizás el más controvertido, ya que entran a debate cuestiones “ideológicas” referidas la intervención o no intervención del mercado (en este caso interno al distrito) desde la reglamentación, que obviamente no se pretende hacer desde aquí.
No obstante hay que indicar que, frente a las reticencias que estos planteamientos pudieran suscitar, hay que mencionar que incluso entre aquellos que aplauden el libre-mercado de forma más “radical”, existe la conciencia de la necesidad de unas leyes mínimas que garanticen el buen funcionamiento del mismo.
Además, hay que añadir que, para el negocio corchero en particular, lejos de suponer una barrera, el papel del estado en su regulación ha sido altamente beneficioso. Podemos mencionar dos casos de éxito, por un lado la vertiente más “extrema” desde el punto de vista intervencionista, el del  Estado Novo portugués durante la dictadura salazarista, cuyas medidas condicionaron el desarrollo del negocio corchero portugués hasta los niveles que hoy en día tenemos, y por otro, un caso actual, el modelo de regulación de distritos italianos, entre los que se incluye naturalmente el caso del distrito corchero sardo. Precisamente este debe ser el modelo de referencia de estudio por cuestiones obvias.
No podemos dejar de mencionar otro tipo de ventajas que otorgaría la definición institucional del distrito, como es el hecho de crear una marca propia de cara a los mercados (algo muy respetado en el caso de los distritos italianos), no excluyente de las individualidades de cada empresa, quienes obviamente preservarían su identidad específica, a la que unirían “la marca distrito”.

5. Consideraciones finales.

El lector conocedor de la historia más reciente del negocio corchero sanvicenteño habrá ido reconociendo algunas de las cuestiones que aquí se plantean, ya que muchas de ellas han sido iniciativas que en algún momento dentro del negocio se han intentado poner en marcha.
Lejos de que estas afirmaciones pudieran servir como argumentos para aquellos que entienden que lo que aquí se dice es algo inalcanzable, lo que habría que ser es realmente optimista, puesto que esto lo que demuestra es que el negocio ha intentado en más de una ocasión definir las bases de una organización “distritual”, pero que por circunstancias no ha llegado nunca a su constitución. Existe por tanto un sentimiento arcaico de distrito, al que hay que invocar desde diferentes frentes y estrategias.
De hecho, “la dificultad” existente en la puesta en práctica de todas estas consideraciones es la de definir un planteamiento que incluye la confluencia de políticas sociales, educativas y empresariales hacia un objetivo común, que es la de la constitución del distrito.
Se plantea la posibilidad “histórica” de que por primera vez se intente abordar una problemática endémica desde la consideración de esta estrategia, que nace fundamentalmente del estudio y conocimiento del negocio corchero, y de la teoría de los distritos industriales.
En esta necesidad de “reinventarnos” a nosotros mismos, habrá que tomar decisiones a corto plazo, como es la necesidad urgente del enfoque hacia la terminación y comercialización de producto, y otras a medio-largo plazo, dirigidas a ir sembrando un nuevo horizonte para el negocio corchero teniendo en cuenta muchos de los aspectos aquí tratados.
 
Llega ahora la parte más difícil del proyecto, que es la de la concienciación. Para ello debe de existir una demanda, yo diría exigencia, por parte de la masa social que forma parte del distrito, para que el resto de agentes que han de participar entiendan que tienen la obligación moral de ayudar y participar en el desarrollo de un verdadero distrito industrial, que vuelvo a hacer hincapié, no es nueva, sino que está presente con mucho arraigo y tradición en otros territorios de la geografía española, y de otras partes del mundo.  

    

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